El País: Crónica de un hundimiento

Vivimos en una época en la que el periodismo no vale nada. Resulta una frase muy dura pero, por desgracia, muy real. Todo vale y nada tiene valor. Las palabras se venden al mejor postor mientras que la calidad, la verdad y la objetividad se pierden en disputas políticas.

Hoy retomo mi blog, que he tenido aparcado demasiado tiempo, con la indignación y la impotencia que no puedo reprimir y me sale en forma de palabras. De palabras siempre escritas, ya que lo que se dice se lo lleva el viento. En cambio lo escrito, el papel, la verdad, permanece. Mientras escribo me cuesta creer que todo esto lo aprendiera leyendo un periódico que se hunde poco a poco.

No solo yo, muchos de los miembros de mi generación que soñamos con ser periodistas, crecimos a la sombra del que durante muchos años fue referente de la información en España. ERE, Expediente de Regulación de Empleo, tecnicismos que deshumanizan la realidad. Porque en esta historia no hablamos de despidos, en una época de crisis en la que nos hemos acostumbrado a todo lo malo. Hablamos de las voces que se intentaran apagar, de las familias que se enfrentan a la incertidumbre y sobre todo, de la historia y los valores que este ERE traiciona.

Hace tiempo leí un buen libro lleno de verdades incómodas y anécdotas con sabor amargo, 100% periodismo. Un oficio de fracasados de Rodolfo Serrano, lo nombro ahora porque he recordado que ahí leí muchas historias sobre Cebrián. Ese Cebrián, protagonista de mi historia favorita sobre la transición, ese hombre que ante la adversidad, apostó por el periodismo y en una noche de incertidumbre le regaló a la democracia, su portada más importante.

Cuesta creer que siga siendo el mismo, porque ante todo, el era y es periodista y sabe las dificultades, penas y glorias que sus compañeros (subordinados o no, son colegas de profesión) han pasado en sus vidas. Lo dice la FAPE, que acostumbrada a los malos tiempos que vive la profesión, no puede dejar de considerar triste” la “ausencia de sensibilidad” del presidente del grupo PRISA y El PAÍS, Juan Luis Cebrián.

Esta viñeta de prnoticias refleja tan bien la realidad, que sobran las palabras.

Y ahora, cuando el camino se pone más dificultoso los periodistas se quedan solos ante la incertidumbre y lo que es peor, perjudican a los mayores, a los que lo tendrán más difícil para continuar. Soy joven y periodista y se que lo que significa la precariedad laboral y lo imposible que está el mundo del periodismo. Pero hoy me duelen los veteranos, porque ellos han puesto su vida, su tiempo libre, su tranquilidad, sus ilusiones y los momentos con sus seres queridos, al servicio del periodismo. Ahora ese tiempo parece no servir de nada y sus palabras se convierten en prescindibles.

En este artículo de eldiario lo explican muy claramente. De paso aprovecho para hablar de un tipo de publicación, que de la mano de Ignacio Escolar, apuesta por el periodismo de verdad, a pesar de todo. Y para ahondar en la herida también hay que  leer este otro de la revista Mongolia, sobre lo que cobra Cebrián.

Crisis, Internet, nuevos medios y obsolescencia del papel. Podéis decir lo que queráis, pero el periodismo en papel no está muriendo. Vosotros, esclavos y señores del capitalismo, lo habéis matado.

Ánimo y fuerza para todos esos grandes profesionales que ven peligrar su futuro.

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Los “pegateletipos”, el suicidio de un sueño

El 3 de mayo es el Día de la Libertad de Expresión, en todas partes, en todo el mundo, un acontecimiento especial para aquellos que dedican su vida a darle voz al silencio que oculta la maldad, muchas veces sin límites, que esconde la sociedad. Periodistas de toda España se unieron ayer para reivindicar un cambio en su situación, exigir justicia para los caídos en el ejercicio de su profesión y gritar al mundo que siguen luchando. Porque si no grita el periodismo, ¿quién nos salvará?, ¿puede existir una democracia sin periodismo?, seguramente si, pero ¿quién estará ahí para denunciar los abusos, para plantarle cara a los poderosos y apoyar a los olvidados?.

Con esa idea, un tanto romántica que conservo por la que considero la mejor profesión del mundo, he acudido a los actos organizados por la Asociación de la Prensa de Granada, esperando unirme a un sentimiento común, compartir esa fuerza que llegó a ser el cuarto poder. Duelen las decepciones, y los que amamos este mundo sufrimos muchas, la precariedad laboral, que no se valore nuestro trabajo, la opresión de los grandes medios y la de los grandes partidos. Pero sin duda alguna, la puñalada que más duele, es la que viene de los compañeros. Es aceptable cambiar un día tan importante como el de la libertad de expresión por el día siguiente, teniendo en cuenta que tiene lugar una celebración en la ciudad, está bien, lo aceptamos, pongamos una cruz y ya mañana lucharemos. Lo que no es aceptable es acudir a un acto para leer unas palabras que no sientes, difundir un mensaje que no valoras y levantarte y aplaudir la llegada del político de turno, perdónenme que les diga, eso no es periodismo.

Hemos escuchado 77 nombres de periodistas que han muerto desde el año pasado hasta anoche mismo ejerciendo el trabajo que se habían visto obligados a desarrollar, porque el periodismo, para los periodistas de raza es así, no se elige, te elige a ti y a veces te condena. Uno a uno sus nombres, su ciudad, sus apellidos, sus familias desoladas y su parte del mundo un poco más en silencio. Estén donde estén eso será lo que más les duela, que su muerte no sirva para cambiar la realidad, que otro compañero comprometido no ocupe rápidamente su lugar y vengue su muerte de la única manera posible, contando la realidad.

Somos la causa de lo que hemos creado, años y años de sumisión al poder no pueden garantizar que la crónica que se escriba mañana cuente lo que realmente ha pasado, contará lo que ellos, sean de izquierda o de derechas, quieran que se cuente. Si este es el periodismo que nos van a dejar en herencia, el de copiar y pegar teletipos, alabando a los que mandan para no perder el puesto, prefiero no ser periodista. Los muertos que ya no pueden levantar su voz, claman justicia y nadie se la da, así que será mejor que antes de morir desangrado, humillado y vendido, el periodismo se remonte a su pasado de crítica, denuncia y valores y se suicide. “Prefiero morir de pie, que vivir arrodillado”, no han pasado suficientes años como para que esas palabras hayan perdido el sentido.

La libertad de expresión, contar la verdad, tu verdad, que refleja tu individualismo, es lo único que seguirá teniendo sentido y que algunos valientes, que viven en medios pequeños y olvidados (y sí hablo de Periodismo Humano no puedo evitar que mi referencia siempre sean ellos) hacen realidad cada día. Cuanto todo acabe, volverá a empezar, mientras tanto descanse en paz la justicia en la tumba del periodismo.

Vender el alma

A pesar de las malas noticias, de la desilusión y los periódicos que se van a pique, hoy 24 de enero es el Día del Periodista. Un día que este año sirve más para reivindicar que para celebrar, difíciles momentos para el gremio.

Hace unos meses apareció el movimiento Gratis no trabajo, para difundir la situación de precariedad del periodismo y denunciar las ofertas de trabajo que buscan periodistas para trabajar gratis, algo que se está poniendo muy de moda y que muchos, desilusionados y desesperados, aceptamos pensando que servirá para mejorar el curriculum, el futuro, para que el día de mañana podamos hacer lo mismo, pero cobrando.

El periodismo no es como otras profesiones porque es algo que se lleva dentro, que te acompaña, te duele y condiciona tu vida, es una forma de vida, de pensar y de sentir, es la suerte de los empresarios que buscan mano de obra barata. Nadie empieza una obra y llama un albañil para decirle “Oye tenemos una obra en marcha, no podemos pagarte de momento pero puedes empezar y si van bien las cosas ya veremos”, tampoco se llama a un médico para operar gratis o a un cocinero para que trabaje regalando sus mejores recetas al mundo.

A nosotros si nos lo dicen, en nuestra vocación, en el amor por este mundo, se esconde nuestra mayor debilidad, no sabemos vivir escondiendo las palabras que fluyen de nuestros dedos para convertirse en tinta, para denunciar la injusticia o revelar la verdad.

Y así, día a día, palabra a palabra, vendemos nuestra alma al servicio de los mercados, los mismos que utilizarán nuestro trabajo para lucrarse y llegar cada día más lejos, mientras las cosas siguen igual para los soñadores, mientras esperas que mañana, sea distinto.

Por suerte o por desgracia, a pesar de los malos momentos, queda dentro de mi esperanza porque nuestro sueño sobrevivirá, confio en que Público no desaparecerá y seguirá ahí para molestar a los que esperan que caiga, tengo esperanza en que seguirán existiendo mañanas en las que despertarse con las noticias de papel y que vendrán tiempos mejores.

Un país que no respeta la libertad de expresión, que no permite la existencia de una prensa libre y con representación de todas las ideologías, está condenado al fracaso, no podrán callar las miles de voces que, en nombre de la libertad, gritan en cualquier sitio, siguen gritando gratis.

A veces veo lejano el sueño, pero no puedo olvidar lo que ha costado llegar aqui y no puedo evitar sentir que, lejos o cerca de este mundo, el periodismo será mi vida. Por todos mis compañeros, los que están en mi situación, o los que trabajan hasta la madrugada, poniendo sus sueños y sus ilusiones en sus palabras sin saber si habrá un mañana, para todos los periodistas que denuncian los abusos y los que gritan libertad, sin izquierdas ni derechas, hoy es nuestro día, puede ser el principio de algo nuevo o simplemente una continuación, pero nunca existirá un final.

Yo pasaba los domingos leyendo El Pequeño País mientras veía a mi padre leer el periódico y quiero creer en un mañana en el que mis hijos y los de todos los periodistas, los que están y los que quedan por venir, aprendan el valor de las palabras de tinta que se vuelven antiguas cuando llega la noche. El valor de las noticias, el poder de la verdad.

Feliz Día del Periodista

El poder para moldear el futuro de una República estará en manos del periodismo de las generaciones futuras. Joseph Pulitzer.

Películas para recordar: Ciudadano Kane, como crítica para ser mejores y Todos los hombres del presidente, para serlo realmente.

Las primeras palabras

Pocas personas recuerdan su primera palabra, escrita o leída, aquella que por primera vez les acercó al lenguaje, dándoles el poder de expresar sus sentimientos. No voy a empezar este blog mintiendo, yo tampoco recuerdo esas palabras, pero ojalá pudiera hacerlo, recuperar en mi memoria aquella primera vez en la que tuve la oportunidad de hacer oir mi voz.

Sin embargo recuerdo, recuerdo el primer libro que leí y el primer poema que aprendí, y recité, y te recuerdo a ti, y de todas las personas que están cerca, las que están lejos y las que quedan por marcharse estas primeras palabras tienen que ser tuyas, porque fue tu adiós lo que me dio fuerzas para volver a escribir.

Vivimos tiempos difíciles para soñar, el dinero, la ausencia del mismo, el poder, la crisis, el paro, amenazan con destruir las ilusiones y en momentos como estos hay que ser demasiado inocente o loco para seguir creyendo en la magia. Pero tras las noches de insomnio, por muy largas y oscuras que sean, termina saliendo el sol al día siguiente.

Los niños sueñan con que llegue el futuro, mil profesiones pasan por sus cabezas sin orden ni sentido, con el simple y claro propósito de que llegue pronto mañana y desde ese momento vivimos siempre hipotecando nuestro destino, soñando con lo que seremos, lo que tendremos, lo que viviremos y disfrutaremos. Resulta demasiado repetitivo apelar al ahora, explicar que mientras el día a día se nos pasa en lamentos, se nos está escapando el presente. Pero es tan cierto, tan de verdad, que a menudo lo olvidamos y cuando de repente vuelve a nuestras mentes golpea tan fuerte que te deja sin sentido.

Siempre tuve claro lo que quería y lo que sería, entre todos los juguetes posibles solía elegir los libros, y gracias al mundo de fantasías que los libros y mis padres me ayudaron a construir hoy cuento con una herramienta que resulta fundamental en días como hoy: la ilusión. Este último año se me ha perdido en muchos rincones, y espero que este blog me ayude a encontrarla.

Vuelvo a escribir porque el director de ABC, Bieito Rubido, opina que sobramos la mitad de los medios y la mitad de los periodistas. Cambiarán los ideales, las personas, los gobiernos serán de izquierdas o de derechas, y los niños pasarán de querer ser fútbolistas a soñar con el espacio, pero nunca, jamás sobrarán personas con el don de utilizar la palabra para cambiar el mundo.

Existen cosas que se aprenden y otras que sientes que siempre han estado ahí, y aunque se empeñen en mostrarnos la peor cara del periodismo, si existen historias, héroes, leyendas y noticias es porque alguien estuvo allí para contarlo. Dicen que es en los momentos difíciles cuando tenemos que demostrar que podemos salir adelante.

Cuando llegué a la facultad, con mis dieciocho años y la maleta llena de sueños empecé una carta al futuro que terminé así: Por lo que fue y lo que será, por los sueños que se hacen realidad.

Espero que este blog me ayude y te ayude, noticias que se escapan del poder de los grandes medios, o pequeños actos que cambian el mundo de forma impredecible, historias que son capaces de cambiar vidas, eso es para mi el periodismo, ser capaz cada día de escribir y pensar sin defraudar a esa niña o niño que empezó tu largo camino.

Un libro para recordar: Sheila la Magnífica de Judy Blume