Los “pegateletipos”, el suicidio de un sueño

El 3 de mayo es el Día de la Libertad de Expresión, en todas partes, en todo el mundo, un acontecimiento especial para aquellos que dedican su vida a darle voz al silencio que oculta la maldad, muchas veces sin límites, que esconde la sociedad. Periodistas de toda España se unieron ayer para reivindicar un cambio en su situación, exigir justicia para los caídos en el ejercicio de su profesión y gritar al mundo que siguen luchando. Porque si no grita el periodismo, ¿quién nos salvará?, ¿puede existir una democracia sin periodismo?, seguramente si, pero ¿quién estará ahí para denunciar los abusos, para plantarle cara a los poderosos y apoyar a los olvidados?.

Con esa idea, un tanto romántica que conservo por la que considero la mejor profesión del mundo, he acudido a los actos organizados por la Asociación de la Prensa de Granada, esperando unirme a un sentimiento común, compartir esa fuerza que llegó a ser el cuarto poder. Duelen las decepciones, y los que amamos este mundo sufrimos muchas, la precariedad laboral, que no se valore nuestro trabajo, la opresión de los grandes medios y la de los grandes partidos. Pero sin duda alguna, la puñalada que más duele, es la que viene de los compañeros. Es aceptable cambiar un día tan importante como el de la libertad de expresión por el día siguiente, teniendo en cuenta que tiene lugar una celebración en la ciudad, está bien, lo aceptamos, pongamos una cruz y ya mañana lucharemos. Lo que no es aceptable es acudir a un acto para leer unas palabras que no sientes, difundir un mensaje que no valoras y levantarte y aplaudir la llegada del político de turno, perdónenme que les diga, eso no es periodismo.

Hemos escuchado 77 nombres de periodistas que han muerto desde el año pasado hasta anoche mismo ejerciendo el trabajo que se habían visto obligados a desarrollar, porque el periodismo, para los periodistas de raza es así, no se elige, te elige a ti y a veces te condena. Uno a uno sus nombres, su ciudad, sus apellidos, sus familias desoladas y su parte del mundo un poco más en silencio. Estén donde estén eso será lo que más les duela, que su muerte no sirva para cambiar la realidad, que otro compañero comprometido no ocupe rápidamente su lugar y vengue su muerte de la única manera posible, contando la realidad.

Somos la causa de lo que hemos creado, años y años de sumisión al poder no pueden garantizar que la crónica que se escriba mañana cuente lo que realmente ha pasado, contará lo que ellos, sean de izquierda o de derechas, quieran que se cuente. Si este es el periodismo que nos van a dejar en herencia, el de copiar y pegar teletipos, alabando a los que mandan para no perder el puesto, prefiero no ser periodista. Los muertos que ya no pueden levantar su voz, claman justicia y nadie se la da, así que será mejor que antes de morir desangrado, humillado y vendido, el periodismo se remonte a su pasado de crítica, denuncia y valores y se suicide. “Prefiero morir de pie, que vivir arrodillado”, no han pasado suficientes años como para que esas palabras hayan perdido el sentido.

La libertad de expresión, contar la verdad, tu verdad, que refleja tu individualismo, es lo único que seguirá teniendo sentido y que algunos valientes, que viven en medios pequeños y olvidados (y sí hablo de Periodismo Humano no puedo evitar que mi referencia siempre sean ellos) hacen realidad cada día. Cuanto todo acabe, volverá a empezar, mientras tanto descanse en paz la justicia en la tumba del periodismo.

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Acerca de Zulay Montero Maldonado
Una persona normal y a la vez tan distinta, con muchos sueños e ilusiones que plasmar en palabras. Difícil y compleja... como la vida misma. Y ante todo soy periodista, mucho más por lo que dice el corazón que por lo que me cuenta el título. Periodista online, bloguera y en constante preocupación y lucha por los Derechos Humanos. Creo en el poder de la palabra y la información para cambiar el mundo. Dos frases para el recuerdo y la reflexión: "El mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo" Amnistía Internacional "Mientras pueda utilizarse la fuerza para qué el dialogo. Sin embargo, las palabras siempre conservarán su poder, las palabras hacen posible que algo cobre significado, y si se escuchan, enuncian la verdad". V de Vendetta

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