Vampiros del dolor

 

Siempre he pensado que existe mucho de valentía en aquellos que deciden poner fin a sus vidas. Todo el mundo los critica, culpa a la cobardía y los acusa de dejar el dolor a sus familias y de alguna forma de tomar el camino fácil. No hay nada fácil en el hecho de acabar con todo lo que conoces, con infligirte dolor a ti mismo y tomar la determinación que marcará para siempre a la gente que te quiere.

En la carrera aprendí que los medios debían tratar con delicadeza estos temas, y tantos otros, ya que existen estudios que demuestran el posible efecto contagio tras conocer estas noticias.

España no vive su mejor momento, y por mucho que traten de vendernos un futuro prometedor, las cosas no van a cambiar. Y mientras, decenas de personas ven peligrar su futuro, sus casas, su salario y el pan de sus hijos.

Es tan duro como suena y es una realidad del día a día, ¿qué cambia que empiece a aparecer en los medios todas las personas que se suicidan?. No va a cambiar la realidad, pero producirá un efecto que los medios se han empeñado en promocionar durante los últimos años, la normalización.

Debemos agradecerles a ellos que las imágenes de inmigrantes desesperados, hundidos y con sus últimas esperanzas. Que ni siquiera llegan a alcanzar las costas de su particular paraíso convertido en infierno, se conviertan en una estampa normal de los telediarios al mediodía. Gracias a ellos, empezamos a contar las victimas de violencia de genero como si de simples números se tratara, convirtiendo a esas mujeres maltratadas en meras estadísticas que revisar a final de año. Ahora llega la época de los suicidios, y en menos de una semana ya han informado de dos casos, con esa falsa sensibilidad que trata de enmascarar el morbo en solidaridad con el fallecido.

Informar o no informar, no creo que radique ahí la cuestión, el problema no está en el contenido, está en el tratamiento, en la falta de profesionalidad de la que hacen gala esos medios que parecen revitalizarse con noticias macabras. Padres que asesinan a sus hijos, asesinos que enmascaran su crimen tras un supuesto enamoramiento y finalmente los suicidios. Como vampiros sedientos de sangre, los medios españoles muestran la peor de sus caras y corren en pos de la noticia más morbosa y si se puede alargar durante el mayor tiempo, entrevistar a doloridos familiares que ni siquiera saben que responder y mostrar imágenes que hurguen en la herida, mejor que mejor.

Un suicidio esconde la soledad, el dolor, la desesperanza más absoluta y el miedo que lo llena todo. No nos dejemos manipular, tenemos que despertar y ver la persona que se esconde detrás de la noticia. Que los medios hayan perdido el rumbo no significa que tengan que arrastrarnos con ellos.

Para terminar dejo este texto que me marcó cuando abrí por primera vez mi historia favorita, me gustan los prólogos porque esconden todo aquello que el autor no ha tenido suficiente espacio para incluir. Y el de V de Vendetta habla de todo lo que se me ha olvidado o no he sabido explicar aquí.

Hace algunas noches, de camino a casa, entré en un pub y pedí una Guinnes.

No miré el reloj, pero sabía que aún no eran las ocho en punto. Era martes y de fondo podía oír la televisión, que emitía el último episodio de Eastenders, un culebrón sobre el día a día de la desvergonzada y alegre clase obrera de una zona mítica y decadente de Londres.

Me senté en un banco y cogí una copia de un periódico gratuito que alguien había dejado en el asiento de al lado. Ya lo había leído antes. No tenía muchas noticias. Dejé el periódico y decidí sentarme en la barra.

Esa noche no había mucha actividad. A lo lejos podía oírse el murmullo del televisor por encima de la charla de la gente del bar y el sonido de las bolas de billar chocando entre ellas.

Después de Eastenders empezó Porridge, la reposición de una comedia de situación acerca de un desvergonzado y alegre prisionero en una cómoda, decadente y nada opresiva prisión victoriana.

Tras la barra, de un modo casi imperceptible, desde las botellas situadas hacia abajo los licores goteaban. Contemplé como las gotas de whiskey y vodka se unían en su silenciosa caída.

Acabé mi bebida. Levanté la mirada y el camarero me la devolvió, “¿Una Guinnes?”, preguntó, mientras iba ya a por otro vaso helado. Moví la cabeza en señal de afirmación.

La mujer del camarero llegó y comenzó a ayudar con los pedidos de los clientes.

A las 20:30, después de Porridge, empezó A question of Sport, un sencillo concurso con un panel de preguntas con famosos deportistas desvergonzados y alegres que respondían a preguntas sobre otros famosos deportistas tan desvergonzados y alegres como ellos…

La jovialidad reinaba.

“Le diré al barman que las botellas gotean”, pensé.

Las noticias de las nueve siguieron a A question of Sport, al menos durante 40 segundos hasta que apagaron la televisión y una alegre y desvergonzada música pop ocupó su lugar.

Miré de nuevo al barman. “Sólo la mitad esta vez”, le dije.

Mientras me llenaba el vaso, le pregunté con solemnidad por qué habían apagado las noticias. “A mí no me pregunte, ha sido mi señora”, replicó de un modo alegre y desvergonzado, mientras el objeto de sus bromas trajinaba en un rincón del bar.

El goteo de las botellas dejó de importarme.

Acabé mi cerveza y me fui, casi seguro de que la televisión permanecería en silencio el resto de la noche, ya que después de las noticias de las nueve se emitía Los niños del Brasil, una película con muy pocos personajes alegres y desvergonzados en la que un grupo de nazis crea 94 clones de Adolf Hitler.

Tampoco hay muchos personajes alegres y desvergonzados en V DE VENDETTA, que es para las personas que no apagan las noticias.

David Lloyd

14 de Enero de 1990

 

 

 

El País: Crónica de un hundimiento

Vivimos en una época en la que el periodismo no vale nada. Resulta una frase muy dura pero, por desgracia, muy real. Todo vale y nada tiene valor. Las palabras se venden al mejor postor mientras que la calidad, la verdad y la objetividad se pierden en disputas políticas.

Hoy retomo mi blog, que he tenido aparcado demasiado tiempo, con la indignación y la impotencia que no puedo reprimir y me sale en forma de palabras. De palabras siempre escritas, ya que lo que se dice se lo lleva el viento. En cambio lo escrito, el papel, la verdad, permanece. Mientras escribo me cuesta creer que todo esto lo aprendiera leyendo un periódico que se hunde poco a poco.

No solo yo, muchos de los miembros de mi generación que soñamos con ser periodistas, crecimos a la sombra del que durante muchos años fue referente de la información en España. ERE, Expediente de Regulación de Empleo, tecnicismos que deshumanizan la realidad. Porque en esta historia no hablamos de despidos, en una época de crisis en la que nos hemos acostumbrado a todo lo malo. Hablamos de las voces que se intentaran apagar, de las familias que se enfrentan a la incertidumbre y sobre todo, de la historia y los valores que este ERE traiciona.

Hace tiempo leí un buen libro lleno de verdades incómodas y anécdotas con sabor amargo, 100% periodismo. Un oficio de fracasados de Rodolfo Serrano, lo nombro ahora porque he recordado que ahí leí muchas historias sobre Cebrián. Ese Cebrián, protagonista de mi historia favorita sobre la transición, ese hombre que ante la adversidad, apostó por el periodismo y en una noche de incertidumbre le regaló a la democracia, su portada más importante.

Cuesta creer que siga siendo el mismo, porque ante todo, el era y es periodista y sabe las dificultades, penas y glorias que sus compañeros (subordinados o no, son colegas de profesión) han pasado en sus vidas. Lo dice la FAPE, que acostumbrada a los malos tiempos que vive la profesión, no puede dejar de considerar triste” la “ausencia de sensibilidad” del presidente del grupo PRISA y El PAÍS, Juan Luis Cebrián.

Esta viñeta de prnoticias refleja tan bien la realidad, que sobran las palabras.

Y ahora, cuando el camino se pone más dificultoso los periodistas se quedan solos ante la incertidumbre y lo que es peor, perjudican a los mayores, a los que lo tendrán más difícil para continuar. Soy joven y periodista y se que lo que significa la precariedad laboral y lo imposible que está el mundo del periodismo. Pero hoy me duelen los veteranos, porque ellos han puesto su vida, su tiempo libre, su tranquilidad, sus ilusiones y los momentos con sus seres queridos, al servicio del periodismo. Ahora ese tiempo parece no servir de nada y sus palabras se convierten en prescindibles.

En este artículo de eldiario lo explican muy claramente. De paso aprovecho para hablar de un tipo de publicación, que de la mano de Ignacio Escolar, apuesta por el periodismo de verdad, a pesar de todo. Y para ahondar en la herida también hay que  leer este otro de la revista Mongolia, sobre lo que cobra Cebrián.

Crisis, Internet, nuevos medios y obsolescencia del papel. Podéis decir lo que queráis, pero el periodismo en papel no está muriendo. Vosotros, esclavos y señores del capitalismo, lo habéis matado.

Ánimo y fuerza para todos esos grandes profesionales que ven peligrar su futuro.

Buscar la moda en el baúl de los recuerdos

Ese momento en el que la rebeca de tu abuela se convierte en un objeto de deseo, miras las fotos deseando que tu madre no hubiera tirado ese vestido del que te reías hace unos años y tus gafas y tu pelo se parecen peligrosamente a personas o personajes que no tuviste el gusto o la desgracia de conocer.

Ser vintage está de moda, ropa de los 50, 60, 70, prendas heredadas, vinilos que se vuelven auténticas joyas de colección, accesorios, muebles o libros que ya han tenido un dueño antes y regresan a la vida reconvertidos en objetos chic. Tiendas como Oh Oh July que esconden en sus prendas historias de guateques, música melódica y alegre juventud. Un lugar donde pasado y presente dejan de tener sentido y una simple tienda se convierte en un almacén de pequeños tesoros.

Es fácil pensar que todo está inventado, y tarde o temprano, ya sea por nostalgia o por falta de ideas la industria de la moda se reviste de pasado. Es la técnica que empleaban nuestros padres de que recicláramos la ropa de primos o hermanos,  elevada a una nueva potencia. Como las converse heredadas que de pequeña me daba vergüenza llevar al colegio y que hoy son una pieza codiciada.  ¿Una opción en tiempos de crisis o una alternativa para luchar contra el aburrimiento?, lo cierto es que esta moda tiene su magia y te permite conocer y valorar otra época, devolviéndole un poco de su esplendor pasado.

Cada vez son más las personas que se apuntan a esta forma de vida. Una de esas opciones interesantes son los mercadillos de trueque, un mundo en el que cuando entras tu dinero deja de tener valor, allí solo sirven tus reliquias, baratijas, piezas y elementos de cualquier tipo. En un momento en el que el sistema capitalista en el que se ha basado la sociedad durante siglos se tambalea, es importante buscar medidas que permitan el desarrollo de una economía sostenible. De lo vintage a lo sostenible hay un paso muy pequeño marcado por tendencia, lo primero está de moda y lo segundo nos suena un poco más raro. Es necesario aportar luz sobre qué son y en que se diferencian para encontrar algunas medidas, fáciles y divertidas aplicables al día a día.

El vintage es el amigo glamuroso del reciclaje, no todo vale en este mundo y algunos de sus seguidores se vuelven muy exigentes. Grandes iconos para este universo son divas de Hollywood como Audrey Hepburn y su elegancia nata, Grace Kelly y su cuento de hadas y algunas representantes de la moda Pin Up con Marilyn Monroe como principal protagonista. No todo se basa en la ropa, la música que se escucha, los libros que se leen y la estética usada son fundamentales. Pero lo más retro entre lo moderno es hacer las cosas que nuestras madres y abuelas nos quisieron enseñar y pasamos de ellas. DIY (Do It Yourself o Hazlo tu mismo), técnicas para aprender a coser tu propia ropa, customizar tu armario o preparar tus propios cupcakes. Y es que no hay nada más chic que una diva tejiendo su propia ropa.

Sostenible es un término que engloba muchas cosas, siempre alejado del consumismo. Es una forma de vida que consiste en producir y consumir lo necesario y reutilizar lo que ya no lo sea. Pequeñas acciones que pueden cambiar el mundo, o gestos que nos ayudan a ahorrar y desarrollar habilidades. En este mundo consumista y derrochador cuesta creer que sea posible. Hace un tiempo surgió una noticia sobre una familia alemana que vivía sin dinero, o con muy poco, algo impensable en el país del desarrollo económico, pero sirvió para abrir algunas cuestiones ¿es sostenible este sistema?.

Preguntas de difícil respuesta, queda claro que el pasado siempre vuelve ya sea para copiar los modelos de vida sencillos o para inspirar la moda. Es cuestión de ver la parte positiva de cada cosa, encontrar la magia en pasear por mercadillos de segunda mano y encontrar el juguete favorito de tu infancia por un euro, llevarlo a casa y devolverle una parte de la vida que te dio. Crear e inventar de lo que ya tenemos, cualquier cosa es aceptable excepto resignarse.

Enlaces interesantes sobre Vintage:

http://blogs.glamour.es/la-vie-en-vintage/

http://www.facebook.com/ohohjuly

http://www.masdemoda.com/%C2%BFque-es-el-estilo-vintage/

Enlaces interesantes sobre Economía sostenible:

http://www.economiasolidaria.org/

http://economialternativa.blogspot.com.es/

http://www.truequeweb.com/

http://www.libroscompartidos.com/index.asp

http://www.comohacer.eu/

Los “pegateletipos”, el suicidio de un sueño

El 3 de mayo es el Día de la Libertad de Expresión, en todas partes, en todo el mundo, un acontecimiento especial para aquellos que dedican su vida a darle voz al silencio que oculta la maldad, muchas veces sin límites, que esconde la sociedad. Periodistas de toda España se unieron ayer para reivindicar un cambio en su situación, exigir justicia para los caídos en el ejercicio de su profesión y gritar al mundo que siguen luchando. Porque si no grita el periodismo, ¿quién nos salvará?, ¿puede existir una democracia sin periodismo?, seguramente si, pero ¿quién estará ahí para denunciar los abusos, para plantarle cara a los poderosos y apoyar a los olvidados?.

Con esa idea, un tanto romántica que conservo por la que considero la mejor profesión del mundo, he acudido a los actos organizados por la Asociación de la Prensa de Granada, esperando unirme a un sentimiento común, compartir esa fuerza que llegó a ser el cuarto poder. Duelen las decepciones, y los que amamos este mundo sufrimos muchas, la precariedad laboral, que no se valore nuestro trabajo, la opresión de los grandes medios y la de los grandes partidos. Pero sin duda alguna, la puñalada que más duele, es la que viene de los compañeros. Es aceptable cambiar un día tan importante como el de la libertad de expresión por el día siguiente, teniendo en cuenta que tiene lugar una celebración en la ciudad, está bien, lo aceptamos, pongamos una cruz y ya mañana lucharemos. Lo que no es aceptable es acudir a un acto para leer unas palabras que no sientes, difundir un mensaje que no valoras y levantarte y aplaudir la llegada del político de turno, perdónenme que les diga, eso no es periodismo.

Hemos escuchado 77 nombres de periodistas que han muerto desde el año pasado hasta anoche mismo ejerciendo el trabajo que se habían visto obligados a desarrollar, porque el periodismo, para los periodistas de raza es así, no se elige, te elige a ti y a veces te condena. Uno a uno sus nombres, su ciudad, sus apellidos, sus familias desoladas y su parte del mundo un poco más en silencio. Estén donde estén eso será lo que más les duela, que su muerte no sirva para cambiar la realidad, que otro compañero comprometido no ocupe rápidamente su lugar y vengue su muerte de la única manera posible, contando la realidad.

Somos la causa de lo que hemos creado, años y años de sumisión al poder no pueden garantizar que la crónica que se escriba mañana cuente lo que realmente ha pasado, contará lo que ellos, sean de izquierda o de derechas, quieran que se cuente. Si este es el periodismo que nos van a dejar en herencia, el de copiar y pegar teletipos, alabando a los que mandan para no perder el puesto, prefiero no ser periodista. Los muertos que ya no pueden levantar su voz, claman justicia y nadie se la da, así que será mejor que antes de morir desangrado, humillado y vendido, el periodismo se remonte a su pasado de crítica, denuncia y valores y se suicide. “Prefiero morir de pie, que vivir arrodillado”, no han pasado suficientes años como para que esas palabras hayan perdido el sentido.

La libertad de expresión, contar la verdad, tu verdad, que refleja tu individualismo, es lo único que seguirá teniendo sentido y que algunos valientes, que viven en medios pequeños y olvidados (y sí hablo de Periodismo Humano no puedo evitar que mi referencia siempre sean ellos) hacen realidad cada día. Cuanto todo acabe, volverá a empezar, mientras tanto descanse en paz la justicia en la tumba del periodismo.

Al mal tiempo, buenas ideas

De los grandes retos surgen a veces las mejores ideas. En momentos de necesidad y desesperanza aparecen la pasión y la creatividad que dan lugar a innovadores proyectos que a veces llegan al límite de trastocar los cimientos de nuestra sociedad. Como el pánico que asalta al escritor que se enfrenta a la página en blanco, rescatar una idea del limbo de los bocetos inacabados no resulta tarea fácil. Siempre queda la duda de si la nuestra, será una invención realmente original y tendrá las claves para lograr el triunfo.

Nos hicieron reír, disfrutar y con su abandono nos quedamos huérfanos de la ironía, el humor más incisivo, siempre destinado a crear polémica y el recuerdo de un tiempo en el que existía alguien dispuesto a luchar contra la supremacía de la telebasura.

Los que hemos visto crecer poco a poco a Solocomedia no podemos evitar una sonrisa al comprobar que hay un nuevo vídeo, foto o concurso, y seguir con interés en twitter a @angelmartin_nc , @roberbodegas, y @Alberto_Casado esperando que sus inteligentes tonterías nos salven del aburrimiento y nos hagan olvidar esa palabra que todo el mundo repite constantemente para quitarle alas a los sueños: crisis. Hasta para poner en marcha su proyecto Ángel Martín, Alberto Casado y Rober Bodegas eligieron un día poco serio, el 28 de diciembre de 2011,  Día de los inocentes, se embarcaron en una aventura que crece día a día.

Solocomedia funciona porque te da mucho y no te pide nada, se establece un contrato claro en el que entras sin más pretensiones que las risas aseguradas, y su principal éxito radica en que no buscan el éxito. Son tan especiales porque son totalmente normales, se muestran tal y como son, sin esperar que los acepten. Toda una declaración de intenciones de la que muchos deberían aprender.

Malentendidos por los que todos hemos pasado, deseados reencuentros que no salen del todo bien y entregas desastrosas,  crean un mundo en el que todo y nada es posible. Hasta su falta de publicidad resulta divertida, sus carteles implorando anunciantes son una muestra más del descaro que predomina en sus sketches, otra forma de dejar claro que están y estarán aquí, pase lo que pase.

En los pequeños gestos, en la diversión gratuita y la crítica desenfadada nos enseñan que aunque las cosas no mejoren de la noche a la mañana siempre existirán motivos para sonreír aunque sea durante los 3 o 4 minutos que dura un vídeo. Entre seguidores y detractores, existe una cosa clara, Solocomedia dará que hablar, una cosa importante antes de entrar, dejad los prejuicios y sobre todo no olvidéis que lo más importante en esta nueva relación es seguir al pie de la letra la regla de oro.

La importancia de llamarse Loewe

“Mejor que hablen mal de ti, a que no hablen” viejo dicho popular aplicable a varias facetas de la vida que últimamente parece ser un elemento común en el mundo de la publicidad. Unas palabras que encierran una gran verdad, lo que no se ve, de lo que no se habla, no existe.

Los publicistas y sus ideas se enfrentan al difícil reto de sorprender a una audiencia saturada de información, imágenes y productos a la que difícilmente sorprenderá un simple anuncio. Existen, sin embargo, algunos elegidos que logran traspasar el limbo y alcanzar la efímera fama durante sus escasos segundos en antena. Popularizado el producto, consolidada la marca, en el mundo existen dos grandes marcas de refrescos de cola pero solo uno logra crear expectación antes de sus comerciales.

Inmersos en este mundo de la información actualizada al segundo, muchas marcas buscan medidas innovadoras y en algunos casos desesperadas, que les permitan avanzar, impactar, elevar su spot al olimpo de las grandes producciones y ser recordado. Unas veces funciona y logras la inmortalidad y otras tropiezas y te conviertes en la mofa de las redes sociales, en un universo, twitter, implacable con los fallos.

Loewe y sus niños pijos están de moda, temática superficial, música poco adecuada y un estilo algo estrambótico. Un reflejo de la sociedad española (según la marca) que no ha sentado nada bien a una juventud preocupada y en lucha por un futuro digno.

Insultos, mofas y críticas prenden la pólvora que eleva a hastag como #AcampadaLoewe al pódium reservado para los tendring topic. Abucheos para Loewe y escarnio público para sus actores. Tras las risas, llega la jornada de reflexión, momento para deliberar sobre si fue una moda pasajera o el anuncio realmente ha causado efecto. Entonces lees esta noticia, en la que se entrevista a una de las protagonistas del polémico anuncio, y al ver la otra cara de la moneda reorganizas tus opiniones y surge una duda ¿realmente ha sido un spot efectivo?. Hay distintas opciones, si Loewe quería dar que hablar sin duda lo ha conseguido pero si el objetivo era incrementar las ventas, resulta más difícil predecir un final positivo. Y mientras tanto unos detestan el anuncio y otros lo adoran, pero nadie tiene claro que pretendía la marca con todo esto.

Los que no pueden permitirse un Loewe, tampoco podrán después de ver el anuncio, y probablemente tampoco lo quieran o lo necesiten, y aquellos que si que pueden y quieren seguramente esperan un recordatorio mejor para seguir comprándolo. Tal vez resulte que nos hemos vuelto demasiado críticos, no aceptamos el más mínimo reproche pero cuando algo no nos gusta no dejamos títere con cabeza. Está bien protestar y hacer valer ese gran derecho que es la libertad de expresión y opinión, pero como decían en una gran película “la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado”.

“Por lo menos se han reído, de nosotros, pero se han reído” quedémonos con las risas que con tanto odio esto de la crisis se nos está yendo de las manos.

Cosas de niños

Dicen que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, por eso una de las niñas más famosas y queridas del mundo no ha querido que se difunda una mentira sobre su cumpleaños, y es que a nadie le gusta que le cambien el día que debe soplar sus velas.

Mafalda no cumple 50 años , o eso afirma quién mejor la conoce, su creador Quino, que a través de su página web ha informado que la primera publicación en la que apareció este singular personaje fue el 29 de septiembre de 1964, en la revista Primera Plana.  Una confusión que se ha extendido como la pólvora por las redes sociales, y que según Quino se puede atribuir a dos errores, el primero data de una tira publicada el 15 de marzo de 1966 en el diario El Mundo donde se dice que Mafalda, “habría nacido en 1960”. El segundo lo cometió la revista Siete Días unos años más tarde al publicar que  “nació en la vida real el 15 de marzo del 52. Ni una ni otra fecha son de tener en cuenta”, aclara el “padre” de la pequeña en su web.

Mafalda nos abandonó el 25 de junio de 1973, cuando apareció su última tira cómica, y nos dejó un vacío de sabiduría y valentía que en vez de pasar de moda, es hoy más necesario que nunca. Con su pelo negro rizado y su constante inconformismo Quino nos regaló a la niña que todos necesitamos llevar dentro, capaz de cualquier cosa por lograr un mundo mejor aunque aparentemente solo fuera una pequeña a la que no le gustaba la sopa.

Si Mafalda siguiera entre nosotros, reprochando al mundo sus injusticias, no le gustaría ver como condenamos al olvido a los pequeños que no tienen las mismas fuerzas que ella para hacer llegar su voz al mundo. No perdonaría la masacre de Siria y nos obligaría a firmar para exigir justicia, a difundir lo que está pasando y preocuparnos por el destino de los asesinados víctimas de la injusticia y la barbarie. Y por los miles de niños y niñas que permanecen dentro de Siria sufriendo el conflicto y sin recibir ninguna ayuda.

Serían sin duda, malas noticias para nuestra pequeña activista, aunque le gustaría saber que siguen existiendo buenas personas que luchan por cambiar la realidad de las nuevas generaciones, y que con su lucha consiguen avances como la firma del Protocolo de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas, por el que cualquier niño o niña podrá presentar una queja frente a cualquier violación de sus derechos y obtener respaldo legal.

Por mucho que ella quisiera, el mundo no se para que nos podamos bajar cuando las cosas se tuercen, y corresponde a nosotros, garantizar la seguridad de aquellos que crecen en un mundo que se vuelve cada día más gris. Niños y niñas que crecen demasiado rápido bajo el influjo de una sociedad que no entiende de inocencia.

Kiernan Shipka solo tiene 12 años y ya es una gran actriz, de una de las mejores series actuales, interpreta a Sally Draper en la famosa Mad Men. Un pequeño talento capaz de llenar la pantalla que salta ahora a las más prestigiosas portadas. Icono del glamour, el estilo y la moda, ¿no resulta demasiado excesivo atribuir estas características a una niña de 12 años?, no es lo que opinan en la revista Grazia que ha contado con ella para que pose como toda una mujer con vestidos de Versace o Marni, muy glamorosos pero poco apropiados para una edad a la que ni siquiera es lo suficientemente mayor como para que la dejen ver su propia serie.  Incoherencias de un mundo perdido que olvida muchas veces como proteger su futuro.

Es lógico que hoy no sea realmente su cumpleaños, resultaba extraño que Mafalda cumpliera 50 años, ella siempre será esa niña capaz, con una sola frase, de despertar conciencias y demostrar a los mayores que la mayoría de las veces, estamos equivocados.

Feliz no cumpleaños y no crezcas nunca Mafalda.

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